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Aquellos años que vivimos peligrosamente

Inspírate. Exposiciones fotográficas, ¿porqué no?

De tantísimos  lugares bebemos inspiración, que podríamos decir que nos inspiramos con todo aquello a lo que nos acercamos con la vista y la mente abierta.

Aun así, como síntesis de otras inspiraciones, el arte en general, es una inagotable fuente de ideas, ya que cada obra de por sí condensa mil y un detalles que nos pueden sugerir infinitas nuevas posibilidades.

Música y cine son posiblemente las manifestaciones artísticas que más frecuentemente relacionamos como musa de creatividad y dejamos muchísimas otras marginadas.

Dentro de estas parias disciplinas artísticas, nos encontramos con el curioso caso de la fotografía, tan ‘consumida’ hoy en día como producto de interés volátil, pero que no dejaos que nos cuente sus historias.

La fotografía como arte, como pretensión de explicar, de mostrar, tiene una forma de propia de reclamar nuestra posible atención que en la actualidad parece arrancada de la misma prehistoria.

Se trata de las exposiciones fotográficas.

En esta era en la que la velocidad de fotografías por fracción de segundo, se acerca peligrosamente al infinito, tienen más sentido que nunca este tipo de presentación.

Un espacio físico que te abstraiga del resto del mundo y centre tu atención en un tema concreto, como en este caso.

 

‘La Movida, crónica de una agitación 1978-1988”

Con las fotografías realizadas por Alberto García Alix, Ouka leele, Pablo Pérez-Mínguez y Miguel Trillo pretende dar una pincelada de lo que fue aquella sacudida que a muchos nos arropó en nuestro personal despertar a la vida.

Os traigo aquí, un puñado de fotos de móvil, hechas de las fotos, con las que solo pretendo ilustrar lo que con palabras no tengo capacidad, porque una exposición de fotografías se ha de ver en directo, en persona.

Los comisarios de la exposición han hecho un brillante trabajo al seleccionar una serie de autores e imágenes que muestran más allá de la amable imagen que nos dejó aquella época, de la que se pretendió institucionalizar domesticadamente.

Estos años también fueron los quem al sonido del trote del caballo, todos tuvimos amigos o conocidos que desaparecieron en él montados.

Tiempos en los que aparecieron con mayor fuerza el polvo blanco, omnipresente en nuestra nuestra actual sociedad.

Esta muestra muestra algo de aquella época que, como todo lo interesante de esta vida, se compuso de luces y sombras, diversión y abismos.

 

Yo me llevé

Para otro proyecto personal que tengo, me llevé algunas conclusiones. Todo suma.

Soy un subproducto de aquella época.

De aquel mundo que creamos entre todos y que tras adquirir consciencia de sí mismo, cobró vida y acabó fagocitándonos a tantos.

A unos de forma rápida, fulminante.

A otros lentamente, en años de pesada digestión.

A los afortunados, siempre después de pagar el correspondiente tributo, nos expulsó súbitamente de su interior, quedándose para sí mismo una fracción nuestra.

Lejos del calor y la cotidianeidad del ser en él, la seguridad del deambular por entre sus entrañas, ya familiares con el tiempo, nos acabamos acostumbrando al frío y la extrañeza de este otro mundo, ahora nuestra realidad.

En aquel mundo, lejano ahora, viven minúsculos fragmentos de la juventud, células vitales que nos condenan a fugaces nostalgias de la peligrosa inmortalidad en la que creíamos vivir.

De aquella terrenal poesía, pilar vertebrador del proyecto vital diario, que nos energizaba y desintegraba por igual. Mínimo precio, juzgábamos, por las  vivencias que nos revelaba.

Aquel mundo que nos hacía creer en nuestro alto precio, pero que a traición nos poseía y manipulaba a precio de saldo tras arroparnos en sus brazos…

 

Al fin y al cabo todo es camino para conocerse a uno mismo.

O no.

Lo que si, es que ver con la visión de otro, como haces en una exposición fotográfica, es un lujazo casi perverso.

Atentos, seguro que cerca de vosotros tarde o temprano habrá una exposición fotográfica que zarandee vuestro ser…